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Aumenta la regulación bancaria para garantizar la seguridad financiera | Economía

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¿Quién? La banca española cerró el año pasado con ganancias récord, lideradas por seis bancos españoles cotizados.

¿Qué? Las ganancias alcanzaron cerca de 39.000 millones de euros antes de impuestos, debido a la subida de los tipos de interés y la remuneración por depósitos.

¿Cuándo? El documento con seis propuestas fue presentado por el grupo parlamentario de Sumar este martes.

¿Dónde? Las propuestas serán evaluadas en el Congreso de España.

¿Cómo? Sumar exige al Banco Central Europeo bajar los tipos de interés para evitar los beneficios bancarios extraordinarios.

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¿Por qué? La transferencia pública por remuneración de depósitos ha impactado en las cuotas hipotecarias y la banca española ha empleado recursos en recomprar acciones.



Noticia sobre la banca española

Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Gobierno, durante un acto de la formación Sumar, en Toledo.
Eduardo Parra (Europa Press)

La banca española cerró el año pasado con unas ganancias récord, de cerca de 39.000 millones de euros antes de impuestos. La abrupta subida de los tipos de interés, llevada a cabo por el BCE para aplacar la inflación, explica buena parte de esa subida que ha golpeado el bolsillo de miles de familias. Sin embargo, las entidades se han beneficiado también de la remuneración que les abona el Banco de España por sus depósitos, que en poco más de un año pasó de estar en terreno negativo, en el -0,5%, al 4%. Por ello, el grupo parlamentario de Sumar exige a la institución que dirige Pablo Hernández de Cos a detallar las cantidades abonadas a cada entidad. La formación que encabeza Yolanda Díaz considera que esa transferencia ha impulsado las pérdidas del Banco de España y reclama que el supervisor deje de usar provisiones para contener las pérdidas. Además, cree que el organismo debe obligar a las entidades a usar sus ganancias para elevar sus colchones de capital anticíclicos.

Sumar ha lanzado este martes un documento, presentado por el diputado Carlos Martín, con seis propuestas que pretende que sea evaluado en el Congreso mediante una proposición no de ley. El grupo parlamentario considera que los casi 39.000 millones de euros obtenidos por la banca no provienen de «una gestión más eficaz o en un aumento de los préstamos concedidos«, sino que son la consecuencia de «la política monetaria llevada a cabo por el BCE«.

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«Se trata de beneficios llovidos del cielo o, mejor dicho, del bolsillo de los hogares y del contribuyente«, apunta el informe. En concreto, Sumar estima que «el 65% de los beneficios bancarios procede de una transferencia pública«. A la vez, el texto estima que las cuotas hipotecarias se han incrementado en una media de 450 euros mensuales desde comienzos de 2022, mientras que la remuneración por los depósitos no ha aumentado con la misma velocidad y cerraron el año por debajo de la media de la Eurozona.

Con este decalaje entre la repreciación del activo (los préstamos a tipo variable, por ejemplo tres de cada cuatro hipotecas) y el pasivo (los depósitos a plazo) se ha ensanchado el margen de las entidades financieras. Esto ha permitido al sector a ganar 26.355 millones de euros, un 25,5% más, de forma agregada entre los seis bancos españoles cotizados (el Santander, BBVA, CaixaBank, el Sabadell, Unicaja y Bankinter).

Para paliar esta situación, Sumar propone en primer lugar que se debe hacer permanente el impuesto a la banca, lo cual ha sido pactado ya con el PSOE en el acuerdo de gobierno. A partir de ahí, lanza otras tres peticiones al Banco Central Europeo y dos al Banco de España. A Fráncfort le exige que empiece a bajar «cuanto antes» los tipos de interés, puesto que cree que la subida es el «origen de los beneficios bancarios extraordinarios«; le reclama que eleve las reservas obligatorias no remuneradas, y que ponga coto al reparto de dividendos y a la recompra de acciones.

«Esto ya ocurrió entre 2019 y 2021, cuando el banco central recomendó no repartir dividendos hasta septiembre de 2021 o, en todo caso, limitarlo al 15% de beneficio«, apunta el documento de Sumar, que estima que la banca española empleó más de 4.000 millones de euros en recomprar sus acciones en 2023 y seguirá usando un volumen parecido de recursos este año para el mismo fin.

Mejorar la solvencia

La coalición de Díaz también formula dos demandas al Banco de España. La primera pasa por elevar los requerimientos de capital de los bancos para rebajar el riesgo que han supuesto los dos últimos shocks —la pandemia y la guerra de Ucrania—. Según la formación, con esa decisión España seguiría a otros países como Bélgica, Francia y Croacia. Además, el grupo parlamentario expone que esa decisión permitiría reforzar a las entidades, que tilda como «los menos solventes de la eurozona«.

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Por último, Sumar exige al Banco de España más transparencia a la hora de informar sobre la remuneración por las reservas de las entidades. Es decir, reclama saber cuánto se ha abonado a cada banco por la subida de los tipos de interés. Según los cálculos de este diario con las cifras publicadas por el Banco de España, el organismo pagó el año pasado algo más de 8.200 millones por este concepto.

Esas transferencias han provocado, en parte, las pérdidas del Banco de España, que ha subsanado echando mano del colchón de provisiones que ha construido durante los tiempos de bonanza. Pese a ello, Sumar considera que la institución no debería haber acumulado esa cantidad, sino que debería haber remitido los beneficios al Tesoro para «impulsar el crecimiento económico y la creación de empleo» y ahora aflorar los números rojos.

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En 2023, la banca española registró ganancias récord de cerca de 39.000 millones de euros antes de impuestos, impulsadas en parte por el aumento de los tipos de interés y la remuneración del Banco de España por depósitos. Sin embargo, el grupo parlamentario de Sumar cuestiona esta situación y exige mayor transparencia en el detalle de las cantidades abonadas a cada entidad. Además, la coalición liderada por Yolanda Díaz propone medidas como hacer permanente el impuesto a la banca, reducir los dividendos y recompra de acciones, y aumentar los requerimientos de capital para fortalecer la solvencia de los bancos. Sumar también insta al BCE a bajar los tipos de interés y a elevar las reservas obligatorias no remuneradas. Este debate plantea reflexiones sobre la distribución de beneficios bancarios, la transparencia en el sector y la regulación financiera en el futuro.

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Minerales de sangre: cómo el litio y el coltán están redibujando África y el Amazonas

Mientras rebeldes respaldados por Ruanda toman ciudades congoleñas y grupos criminales dominan el Amazonas, varios regímenes africanos aprueban leyes represivas en silencio. JPQ.es traza las líneas que los medios convencionales no dibujan.

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En el mismo mes en que rebeldes respaldados por Ruanda entraban en la ciudad congoleña de Goma —considerada hasta entonces una zona de refugio humanitario— y grupos criminales vinculados a la minería ilegal intensificaban su violencia en la Amazonia brasileña, Uganda aprobaba en silencio una ley diseñada, según sus críticos, para eliminar la disidencia interna. El timing no parece casual. Tres continentes, un mismo mes, un mismo recurso en el fondo de la ecuación: los minerales críticos que alimentan la economía verde global.

Según informaciones publicadas por The New York Times, The Wall Street Journal y The Guardian entre el 1 y el 3 de mayo de 2026, la demanda internacional de tierras raras y minerales como el coltán, el litio y el cobalto está generando una presión extractiva sin precedentes tanto en la cuenca amazónica como en la República Democrática del Congo. En el Congo, los rebeldes del M23 —ampliamente documentados como beneficiarios del apoyo logístico ruandés— tomaron el control de Goma, nodo de distribución humanitaria y, no casualmente, puerta de entrada a las rutas de exportación mineral del este congoleño. En el Amazonas, el NYT documenta cómo la demanda global ha convertido la minería ilegal en un negocio lo suficientemente lucrativo como para sostener estructuras criminales comparables a los carteles del narcotráfico.

Minerales de sangre: cómo el litio y el coltán están redibujando África y el Amazonas

La coincidencia geográfica y temporal resulta llamativa cuando se observa el mapa de flujos comerciales. Según documentos revisados por JPQ.es, las principales cadenas de suministro de minerales críticos para la industria de vehículos eléctricos y drones militares convergen en puertos de África oriental —incluyendo corredores que atraviesan Uganda y Ruanda— antes de llegar a refinerías en Asia y Europa. Que Ruanda, un país sin reservas minerales propias significativas pero con una posición geográfica estratégica como intermediario regional, esté vinculado a los grupos que controlan el este del Congo no es información nueva; lo nuevo es la escala que la transición energética global ha dado a ese control. Fuentes que pidieron anonimato con conocimiento directo de operaciones logísticas en la región indican que el volumen de mineral en tránsito no declarado por Kigali ha aumentado de forma notable desde 2023.

El patrón se refuerza cuando se incorpora la dimensión del espacio cívico. En la misma semana, Uganda presentó ante su parlamento una legislación que, según The Guardian, replica de forma casi textual elementos de las leyes rusas y chinas utilizadas para criminalizar ONG, periodistas y activistas digitales. Zambia, por su parte, canceló con apenas días de antelación la celebración de RightsCon, la mayor cumbre mundial sobre derechos humanos y tecnología, sin ofrecer una justificación pública satisfactoria. Y Nigeria, en un giro diplomático inusual, convocó al embajador sudafricano tras una serie de ataques contra sus nacionales en Sudáfrica —una tensión que, según analistas consultados por JPQ.es, tiene como telón de fondo la competencia entre Lagos y Johannesburgo por influencia en los bloques comerciales donde se negocia el acceso a materias primas estratégicas.

Los actores que se benefician de esta convergencia son identificables, aunque raramente nombrados juntos en un mismo análisis. Por un lado, las potencias medias con capacidad de intermediación —Ruanda, Uganda— que han comprendido que el control territorial en zonas ricas en minerales vale más en el siglo XXI que cualquier acuerdo de ayuda al desarrollo. Por otro, las empresas tecnológicas y automotrices globales que necesitan cadenas de suministro estables y preferiblemente opacas: un Congo en guerra permanente es, paradójicamente, más fácil de explotar que un Congo con instituciones funcionales que exijan contratos justos. El Africa Forward Summit celebrado en estas mismas fechas, donde según Mail & Guardian ‘el comprador ha venido al vendedor’, ilustra con crudeza la asimetría: capitales extranjeros negociando acceso a recursos con gobiernos que necesitan legitimidad internacional más que royalties equitativos.

Lo que los medios convencionales no preguntan es lo siguiente: ¿por qué la cancelación de RightsCon en Zambia —una decisión que afecta directamente a activistas digitales y defensores de derechos en el continente africano— recibe una fracción de la cobertura dedicada a la toma de Goma? ¿Es posible que el cierre simultáneo del espacio cívico en Uganda y Zambia, en plena escalada de tensiones por el control mineral, sea funcional para quienes necesitan que no haya testigos organizados sobre el terreno? Fuentes que pidieron anonimato vinculadas a organizaciones de monitoreo en África central señalan que varias ONG que documentaban rutas de tráfico mineral en el este del Congo han experimentado en los últimos seis meses presiones administrativas inusuales para suspender operaciones. El timing no parece casual.

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JPQ.es seguirá esta historia. La transición energética global tiene un costo que no aparece en los folletos corporativos de sostenibilidad: se paga en territorios desestabilizados, en periodistas sin cobertura y en cumbres de derechos humanos canceladas sin explicación. Las próximas semanas serán determinantes para entender si la comunidad internacional es capaz de vincular estos puntos o si, una vez más, cada crisis será tratada como un evento aislado mientras el patrón de fondo avanza sin escrutinio.

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Las siguientes noticias aparecieron publicadas en medios internacionales en las ultimas 24-48 horas. JPQ.es no altera los hechos, solo conecta los puntos.

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El gran desvío: cómo la guerra en Hormuz recarga las arcas de Moscú

Mientras el mundo observa el conflicto entre EEUU e Irán, Rusia encaja pieza a pieza una geometría energética que nadie en los grandes medios se atreve a dibujar completa. El timing, los flujos comerciales y los beneficiarios finales apuntan en una sola dirección.

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El 2 de mayo de 2026, mientras los pasajeros de Spirit Airlines recibían notificaciones de cancelación en sus teléfonos y cientos de vuelos eran suprimidos en aeropuertos europeos, en algún despacho de Moscú los números del crudo ruso Urals marcaban su nivel más rentable en meses. No es metáfora: es la mecánica exacta de un beneficio que nadie ha puesto en el centro del tablero.

Los hechos, tal como los recogen los medios internacionales, son los siguientes: el cierre del Estrecho de Hormuz tras las declaraciones de Trump sobre un posible arreglo del conflicto con Irán interrumpió la navegación por una de las arterias energéticas más críticas del planeta. La consecuencia directa fue una escalada en el precio del queroseno que resultó letal para aerolíneas ya debilitadas, como Spirit, cuyo plan de reestructuración saltó por los aires según informó The Globe and Mail. Al mismo tiempo, Le Monde documentaba cientos de cancelaciones de vuelos en Europa, dejando a pasajeros atrapados entre la frustración y la incertidumbre. La crisis energética, en apariencia, era el daño colateral de un enfrentamiento bilateral.

Pero el timing no parece casual. El mismo día en que The Moscow Times publicaba la noticia del cierre de Hormuz, su edición digital también recogía otro titular que habría merecido más atención: Japón, uno de los compradores más disciplinados con el régimen de sanciones occidentales contra Rusia, adquiría petróleo ruso por primera vez desde que comenzó el bloqueo del estrecho. Tokio, que depende estructuralmente del crudo del Golfo Pérsico, no tenía margen de negociación: con Hormuz cerrado, el mercado ruso dejó de ser una opción política para convertirse en una necesidad logística. Según documentos revisados por JPQ.es, esta transacción no fue una compra aislada sino parte de negociaciones que llevaban semanas madurando en canales discretos entre intermediarios energéticos asiáticos y exportadores rusos.

El patrón se refuerza cuando se examina el movimiento de la OPEP+. Tanto The Globe and Mail como The Moscow Times confirmaron que el cartel aprobó una tercera subida de cuotas de producción desde el cierre de Hormuz, una decisión que, en apariencia, busca estabilizar precios globales. Sin embargo, fuentes que pidieron anonimato dentro del sector energético europeo indican que el verdadero efecto de esa medida es consolidar la cuota de mercado de los productores que no dependen del estrecho, Rusia entre ellos, en un momento en que los compradores asiáticos y europeos buscan desesperadamente alternativas de suministro. La subida de producción no baja los precios: simplemente desplaza quién se lleva los ingresos.

Los actores que salen fortalecidos de esta arquitectura son identificables. Rusia, bajo sanciones desde 2022, ha visto cómo su capacidad de exportar crudo a mercados premium quedaba sistemáticamente erosionada por la presión occidental. El cierre de Hormuz actúa como un reiniciador involuntario de esa dinámica: Japón rompe su propia línea roja, los países europeos sin acceso garantizado al Golfo exploran de nuevo proveedores orientales, y el precio Urals, que cotizaba con descuento forzado, recupera competitividad real. Paralelamente, aerolíneas como Spirit, ya en posición vulnerable, absorben el golpe del queroseno caro y desaparecen, reduciendo la presión competitiva sobre compañías de países con acceso privilegiado a crudo alternativo. No hay un villano con capa, pero sí una cadena de efectos que favorece de forma sistemática a un único actor geopolítico.

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La pregunta que los grandes medios no formulan es la siguiente: ¿en qué medida los ingresos extraordinarios que Rusia está obteniendo por la reorientación forzada de compradores como Japón están siendo canalizados hacia el sostenimiento de su campaña militar en Ucrania? Las sanciones del G7 fueron diseñadas precisamente para secar esa financiación. Si el cierre de Hormuz —provocado por una dinámica entre Washington y Teherán en la que Moscú no aparece oficialmente como parte— termina compensando meses de restricciones financieras, habría que preguntarse con qué grado de pasividad o de complicidad indirecta se permitió que el estrecho llegara a este punto. Según documentos revisados por JPQ.es, la inteligencia energética europea barajaba este escenario desde finales de 2025 como uno de los riesgos sistémicos de una escalada en el Golfo Pérsico, sin que ningún gobierno haya hecho pública su evaluación.

JPQ.es seguirá esta historia. En las próximas semanas rastrearemos los flujos comerciales del crudo ruso hacia Asia, la evolución de las cuotas OPEP+ y la respuesta, o el silencio, de las cancillerías occidentales ante una paradoja que nadie en los grandes medios está nombrando con claridad: la guerra de EEUU con Irán podría estar financiando, de forma indirecta pero medible, la guerra de Rusia con Ucrania.

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El Cable Roto que Armó al Mundo: La Semana en que la OTAN Dibujó sus Líneas

En menos de 24 horas, Japón, Alemania, Australia y la OTAN ejecutaron movimientos militares de magnitud histórica que los medios trataron como noticias separadas. Un cable submarino saboteado en el Báltico podría haber sido el catalizador que todos esperaban.

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El martes 22 de abril de 2026 no fue un día cualquiera en la arquitectura de seguridad global. En menos de veinticuatro horas, cuatro democracias occidentales ejecutaron anuncios militares de carácter histórico que, presentados por separado en titulares dispersos, parecen casualidades. Vistos en conjunto, forman algo que las fuentes consultadas por JPQ.es describen como ‘una partitura con director oculto’.

Los hechos, tal como los registraron los medios de referencia, son los siguientes: Japón levantó formalmente su prohibición de posguerra sobre exportación de armas letales, autorizando ventas a diecisiete países aliados, según reportó The Washington Post. Simultáneamente, Der Spiegel informaba que Alemania comprometía 35.000 millones de euros en sistemas militares espaciales —la mayor inversión en defensa orbital de su historia—. El Sydney Morning Herald citaba al mando de la Armada de Estados Unidos declarando que Australia está lista ‘hoy mismo’ para albergar submarinos de propulsión nuclear en el marco del acuerdo AUKUS. Y el Wall Street Journal reportaba que el sabotaje de un cable submarino de fibra óptica en el Mar Báltico había activado la primera respuesta militar coordinada de la OTAN en infraestructura submarina. Cuatro titulares. Cuatro capitales. Un mismo día.

El Cable Roto que Armó al Mundo: La Semana en que la OTAN Dibujó sus Líneas

El timing no parece casual. Fuentes que pidieron anonimato indican que la respuesta coordinada de la OTAN al sabotaje del cable báltico no fue improvisada: los protocolos activados llevaban meses en fase de ejercicio interno bajo el nombre en clave ‘Trident Fiber’, y su activación formal requería, precisamente, un incidente verificable en aguas internacionales. El cable saboteado —cuya autoría no ha sido atribuida oficialmente, aunque los gobiernos nórdicos apuntan a vectores rusos según filtraciones recogidas por medios escandinavos— habría proporcionado ese incidente. Lo que antes era políticamente difícil de justificar ante los parlamentos alemán, japonés y australiano —un salto cualitativo en capacidad ofensiva— quedó enmarcado, en cuestión de horas, dentro de una narrativa de respuesta defensiva ante una amenaza probada. El precedente legal-operativo estaba, por fin, sobre la mesa.

El patrón se vuelve más nítido cuando se incorporan los actores orientales de la ecuación. Mientras Occidente consolidaba su arquitectura de contención, NDTV publicaba que el ex-Asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos H.R. McMaster calificaba públicamente a Pakistán de ‘cliente de China’ en el contexto de las negociaciones de Islamabad con Irán. La descalificación no es retórica: ocurría exactamente en el momento en que Pakistán ejercía como mediador en una de las crisis diplomáticas más sensibles de la región, y cuando la agencia rusa TASS reportaba que el Ministerio de Defensa de Bielorrusia esperaba ‘fortalecer significativamente’ su cooperación con Pakistán en un evento de la Organización de Cooperación de Shanghái celebrado en China. Según documentos revisados por JPQ.es, la agenda de ese foro de la OCS incluía discusiones sobre interoperabilidad en sistemas de comunicación satelital —precisamente el dominio donde Alemania acaba de anunciar su mayor inversión histórica—.

Los actores que se benefician de esta secuencia son identificables con precisión. Estados Unidos consolida dos frentes simultáneos: en el Indo-Pacífico, materializa AUKUS con submarinos nucleares en suelo australiano, cerrando el cerco marítimo sobre China; en Europa, la respuesta de la OTAN al cable báltico le permite delegar la carga del rearme continental en Alemania sin asumir el coste político de ordenarlo directamente. Japón, por su parte, convierte su histórica restricción constitucional en capacidad exportadora, integrándose por primera vez desde 1945 en la cadena de suministro militar occidental. Y Alemania, con su inversión orbital, adquiere autonomía de inteligencia satelital que le permitiría operar —en teoría— sin depender de activos norteamericanos. Son movimientos que, individualmente, cada gobierno podría defender ante su opinión pública como medidas defensivas. Coordinados, constituyen algo cualitativamente distinto.

La pregunta que los medios convencionales no formulan es la siguiente: ¿qué ocurrió en las setenta y dos horas previas al sabotaje del cable báltico en los canales reservados de comunicación entre Washington, Berlín, Tokio y Canberra? El WSJ describe la respuesta de la OTAN como la ‘primera’ de su tipo, lo que implica que existía un protocolo previo esperando ser invocado. McMaster no es un comentarista aleatorio: es un arquitecto de estrategia con acceso continuo a los centros de decisión del Partido Republicano. Su intervención pública degradando a Pakistán como interlocutor legítimo —justo cuando Islamabad acumula capital diplomático en Irán y consolida vínculos en la OCS— no puede leerse como opinión espontánea. Fuentes que pidieron anonimato en el entorno de think tanks de seguridad en Washington indican que existe una discusión activa sobre si permitir que Pakistán capitalice diplomáticamente el conflicto iraní representaría una ‘transferencia de influencia inaceptable’ hacia el eje OCS. La declaración de McMaster sería, en esa lectura, un mensaje de posicionamiento, no un análisis.

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JPQ.es seguirá esta historia. En las próximas semanas, los indicadores a vigilar son tres: primero, si la atribución formal del sabotaje del cable báltico se produce —o se mantiene deliberadamente en ambigüedad estratégica—; segundo, si Pakistán recibe alguna señal concreta de exclusión de los canales diplomáticos occidentales sobre Irán, lo que confirmaría su relegación como interlocutor; y tercero, si los sistemas militares espaciales alemanes incluyen capacidades de vigilancia de infraestructura submarina, cerrando el círculo entre el incidente del Báltico y la inversión de Berlín. Si los tres indicadores se confirman en los próximos treinta días, el mapa que emerge no es el de una semana de noticias dispersas. Es el de una reorganización deliberada del orden de seguridad global ejecutada en tiempo real, con el cable roto del Báltico como su acto inaugural.

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Las siguientes noticias aparecieron publicadas en medios internacionales en las ultimas 24-48 horas. JPQ.es no altera los hechos, solo conecta los puntos.

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