Resumen de noticia
Resumen de la noticia
Según José Martí, antes de morir, una persona debe hacer tres cosas: escribir un libro, tener un hijo y plantar un árbol. Plantar un árbol es una acción que trasciende más allá de nosotros y de nuestro tiempo, ya que los árboles pueden durar siglos. La fundación sin ánimo de lucro Lurgaia se encarga de plantar árboles de flora autóctona en terrenos previamente ocupados por especies foráneas. Realizan esta labor con el objetivo de conservar la biodiversidad y gestionar el patrimonio natural.
La fundación se dedica a replantar terrenos con especies autóctonas, como el bosque atlántico, y han creado el mayor robledal mixto de la reserva de la biosfera de Urdaibai. Colaboran con empresas y entidades para compensar la huella de carbono y fomentar la biodiversidad. Por ejemplo, el club de fútbol Athletic ha compensado su huella de carbono con la plantación de más de 2.000 árboles. La labor de plantar árboles busca recuperar los bosques para que sean como eran originalmente.
Además, la fundación Lurgaia controla especies exóticas invasoras, recoge semillas de la zona y colabora con empresas para compensar la emisión de CO2. Realizan plantaciones con voluntarios y se enfocan en la naturalidad de los bosques plantados. Se aseguran de que los árboles crezcan y se desarrollen de manera saludable a lo largo del tiempo.
Compensar el CO2
Empresas como Verballenas.com y Llobu colaboran con Lurgaia para compensar las emisiones de CO2 de sus actividades mediante la plantación de árboles autóctonos. Estas iniciativas buscan equilibrar la huella ecológica y promover la concienciación ambiental.
Los árboles del Athletic
El Athletic Club, junto con otras empresas, ha compensado su huella de carbono con la plantación de miles de árboles. Este tipo de acciones contribuyen a la conservación de la biodiversidad y al mantenimiento de los ecosistemas naturales.
Plantar Árboles con Fundación Lurgaia
Plantar Árboles con Fundación Lurgaia
Entre las tres cosas que una persona debe hacer antes de morir según José Martí, y que son escribir un libro, tener un hijo y plantar un árbol, esta última parece la más accesible, ¿verdad? Aunque tampoco haya que tomarse en sentido literal lo que afirmaba el poeta cubano, sino más bien verlo como una invitación a que nuestras acciones trasciendan más allá de nosotros y de nuestro tiempo. Y si hay algo que nos superará de largo será un árbol; hay robles que llegan a cumplir más de mil años. Además, no da tanto trabajo como criar un hijo o estrujarnos los sesos para inventar una historia y plasmarla en papel; pillar un retoño, marchar al monte y meterlo en la tierra. Pero no es tan fácil.
Porque es muy posible que esa plantita que hemos plantado en un rinconcito del bosque, con la sana intención de ayudar al medio ambiente, quizás sin ni siquiera pensar en si le llegará algún rayito de sol, pueda ser devorada por una vaca o un corzo, o retirada por el propietario del terreno, antes de que hayamos regresado a nuestra casa en la ciudad. ¿Cómo saber dónde, cuándo, cómo plantar un árbol? La respuesta la tiene Lurgaia, una fundación privada sin ánimo de lucro que tiene como objetivo ayudar a conservar la biodiversidad y a la gestión del patrimonio natural. Se traduce en que se dedican a replantar con la flora autóctona, en este caso la del bosque atlántico, terrenos hasta hace nada ‘okupados’ por especies foráneas que fueron plantadas buscando el rendimiento de su madera, eucaliptus y pinos que poco a poco se han ido adueñando, entre otros, del paisaje de Bizkaia, originalmente pintado con robles y otras especies autóctonas.
Lo explica Jon Hidalgo, miembro de esta ong: «No puedes coger un retoño y lanzarte al bosque así como así. Tendrás que tener en cuenta qué especies corresponden a la zona, dónde hacerlo, ver si es terreno particular o público, porque la propiedad privada hay que respetarla. Debes pensar en el árbol, no en ti. No vale plantar y olvidarse, porque se lo puede comer un animal o pisarlo alguien y se destruiría. Necesitas garantizar que va a alcanzar la madurez. Un roble puede alcanzar fácilmente los 500, 600, 700 años, ¡en Bélgica hay uno de 1.500! Si lo que se quiere es plantar uno o varios árboles, se puede contactar con su fundación y acudir con ellos a una de las ‘quedadas’ que organizan con voluntarios o encargarles a ellos esa tarea; plantar un árbol con garantía de que crecerá sano y salvo cuesta 10 euros.
Lurgaia funciona comprando terrenos gracias a las aportaciones de sus socios. «También los recibimos como donaciones y llegamos, además, a convenios de cesión con sus dueños, que mantienen la titularidad pero nos dejan ayudarles a dar a su terreno, anteriormente dedicado a la producción de madera, un uso sostenible». Todo empezó cuando una familia propietaria de una parcela en la zona decidió que quería vivir rodeada de bosque autóctono y firmó un acuerdo de custodia con ellos. Así, llevan desde 2008 creando el mayor robledal mixto de la reserva de la biosfera de Urdaibai y uno de los mayores de Bizkaia, un bosque de 105 hectáreas (pretenden llegar pronto a las 200) que han llamado Undabaso y que alberga unos 80.000 ejemplares plantados por ellos. «Y queremos adquirir nuevas hectáreas y evitar que se…
Compensar el CO2
Cuando tienen un nueva superficie para replantar, lo primero que hacen es eliminar las pistas de extracción de madera, ayudando a recuperar el perfil original. Los restos de la corta de las especies anteriores se dejan para que actúen como aporte de nutrientes al suelo y como alimento y refugio para insectos y hongos, aves y mamíferos. También se encargan de controlar las especies exóticas invasoras, de recoger semillas de la zona y de aprovechar las plantas autóctonas. «Después plantamos, con voluntariado corporativo, propio o mediante contratación. Buscamos la naturalidad, con diferentes densidades, especies… Sin líneas. Construimos charcas para anfibios y colocamos cajas nido para aves y murciélagos. Y tutorizamos y protegemos los ejemplares, vigilando el rebrote de las especies exóticas invasoras y el avance correcto de las plantaciones. En la primera fase, plantas pioneras, mal llamadas ‘maleza’, colonizan y aportan nutrientes al suelo, a insectos, a aves… Es la sucesión ecológica. Más tarde retiraremos para su reutilización los protectores de crecimiento con los que evitamos que los animales destruyan los retoños y vigilamos nuestro futuro bosque. Después, la naturaleza se encarga, como lleva haciendo millones de años. En realidad solo somos ‘facilitadores’».
Además, y como parte de su labor, colaboran con empresas que quieren eliminar el impacto de la huella ecológica que provocan con su actividad: plantan los árboles necesarios para compensar el CO2 que emiten sus vehículos o sus maquinarias. Por ejemplo, la empresa de avistamiento de lobos Llobu, que opera en la Sierra de la Culebra, en Zamora, encarga cada año a Lurgaia que plante árboles por ella para equilibrar con el oxígeno que estos lanzan a la atmósfera todo el CO2 que expulsan los coches con los que suelen trabajar.
Los árboles del Athletic
También lo hace Verballenas.com, que, partiendo de Santurtzi, realiza excursiones por el golfo de Bizkaia en busca de cetáceos; borra la huella ecológica del barco de esta manera. Lo cuenta su responsable, Gorka Ocio: «El pasado fin de semana, como cada año desde hace seis, acudimos a Urdaibai de la mano de Lurgaia para compensar el carbono que emitimos con nuestra actividad, unas 30 toneladas al año. Nos tocaba plantar 90 árboles y lo hemos hecho: 35 robles, 15 arraclanes, 10 manzanos silvestres, 12 espinos albares, 7 álamos temblones, 3 serbales de los cazadores, 3 abedules, 2 perales, 2 arces y un fresno. El año anterior plantamos más de los que nos correspondían, llegamos a 500, y en total llevamos más de un millar, porque acudieron muchos voluntarios, gente que ha hecho con nosotros las excursiones a ver ballenas y que se apuntan encantados para plantar, acompañados de sus hijos, incluso, que así aprenden y se conciencian. Puedes hacerlo así o dejarlo en manos de la gente de Lurgaia. Esos árboles van a durar mucho más que 50 años, porque está garantizado que no se cortarán y que tampoco serán devorados. Nosotros no los veremos crecer por completo, pero sí nuestros hijos y nietos, es cuestión de generosidad y solidaridad. Y devolvemos al monte las especies que le pertenecían antes de ser repoblados con otras más productivas económicamente. Además no se plantan en hileras, sino uno aquí, otro detrás, otro más allá, como el bosque natural. Estamos muy concienciados con el cambio climático».
Colaboran además con Lurgaia ‘Mater’, la última gran bonitera vasca de madera convertida en museo ecológico con puerto base en Pasaia (Gipuzkoa), y el Athletic, club de fútbol que el año pasado compensó su huella de carbono con más de 2.000 árboles. «Muchas grandes empresas lo hacen –prosigue Hidalgo–, pero suelen recurrir a otros países, a China o Perú, donde plantar resulta más barato. Aunque en realidad, nuestra misión no es esta exactamente, sino fomentar la biodiversidad, recuperar nuestros bosques para que sean tal como eran».
Resumen de noticia
Puntos principales de la noticia:
- Plantar árboles como acción trascendental.
- Lurgaia, fundación que promueve la conservación del patrimonio natural.
- Reforestación con flora autóctona en terrenos invadidos por especies foráneas.
- Importancia de plantar especies adecuadas en lugares correctos.
- Colaboración con empresas para compensar emisiones de CO2 con plantaciones de árboles.
Implicaciones futuras:
El trabajo de Lurgaia y la reforestación de áreas afectadas por especies foráneas contribuyen a la conservación de la biodiversidad y la restauración de ecosistemas naturales. La concienciación sobre la importancia de plantar árboles adecuadamente también puede inspirar a más personas y empresas a tomar acciones sostenibles para contrarrestar el impacto ambiental.
Cierre:
Plantar árboles es una acción poderosa que trasciende generaciones y beneficia al medio ambiente. Con la ayuda de organizaciones como Lurgaia, es posible restaurar bosques dañados y promover la biodiversidad. Colaborar con empresas para compensar emisiones de CO2 mediante plantaciones de árboles demuestra un compromiso con la sostenibilidad y la conservación del entorno natural.