Educación
Dieta balanceada: prioriza las lentejas sobre las hamburguesas
Comedor escolar descubre tráfico de sobrecitos de azúcar entre alumnos para hacer yogur menos ácido. La solución fue hablar con el proveedor para quitar acidez a los yogures, evitando así la necesidad de más sobres de azúcar clandestinos en el colegio.
Trabajar con productores de proximidad ha permitido reducir un 40% las emisiones en cada plato servido en los comedores escolares. basando su proyecto alimentario en la lucha contra el despilfarro de alimentos, la reducción del uso de plásticos, productos de kilómetro cero y de temporada, la supresión de ultraprocesados y la rebaja de la cantidad de carne roja.
Comedor escolar y alimentación sostenible
Los responsables del comedor escolar se dieron cuenta de que algo fallaba cuando supieron del tráfico de sobrecitos de azúcar que corría entre los alumnos. Según Carles Xifra, director general adjunto de Fundesplai, una entidad social que gestiona en Catalunya más de 250 servicios de alimentación en centros educativos, «Por lo visto, los críos encontraban el yogur demasiado ácido». La solución fue hablar con el proveedor de yogures y pedirle que les quitara acidez. La alternativa acabó siendo un éxito y ya no hicieron falta más sobres de azúcar clandestinos en el colegio.
Esa es una de las ventajas para los gestores de un comedor escolar de trabajar con productores de proximidad, «una opción con la que hemos conseguido, entre otras cosas, reducir un 40% las emisiones en cada plato que se sirve», destaca el responsable de Fundesplai. La organización basa su proyecto alimentario en cinco ejes: la lucha contra el despilfarro de alimentos, la reducción del uso de plásticos, los productos de kilómetro cero y de temporada, la supresión de los ultraprocesados y la rebaja de la cantidad de carne roja.
No es por abaratar costes
Este viernes, los alumnos del colegio público Turó Blau, en el barrio de Sant Andreu de Barcelona, han tenido en sus platos un claro ejemplo de este tipo de menús sostenibles y saludables: lentejas con boniato, pollo y fruta del tiempo. Según Xifra, «Lo hacemos porque la ganadería intensiva, genera más emisiones de gases causantes del cambio climático que todos los coches, camiones y aviones juntos».
«Y para obtener 100 gramos de proteína animal es necesaria 20 veces más tierra de cultivo que para obtener 100 gramos de proteína vegetal», afirma Xifra. De ahí que sea tan fundamental que los niños y niñas tomen conciencia desde bien jóvenes de lo necesario que es el cambio alimentario.
El comedor escolar juega un papel determinante en esta evolución. No solo porque los estudiantes toman una vez al día alimentos saludables, «sino porque a través de los menores se hace también pedagogía de cara al resto de las familias», indica el experto.
Niños con hambre
A parte de saber qué comer, otro de los aprendizajes del comedor escolar «debe de ser el cuánto hay que comer», afirma el director general adjunto de la fundación. Así, por ejemplo, en el caso de la ensalada, el menor puede elegir entre que le pongan en el plato una ración de una pinza o de dos. «Y si son más mayores, pueden llegar, pongamos a cuatro pinzas, pero serán ellos los que elijan, siendo conscientes de si les gusta mucho o poco ese plato y el hambre que tienen».
Sea como fuere, para aquellos padres que aseguran que sus hijos llegan muertos de hambre a casa tras haberse quedado en el comedor, que sepan que las raciones también están reguladas en una tabla de cantidades elaborada por la Agència de Salut Pública de Catalunya.
Comedor escolar promueve menús sostenibles y saludables
Los responsables del comedor escolar se enfrentaron al tráfico de sobrecitos de azúcar entre los alumnos, buscando soluciones como ajustar la acidez de los yogures servidos, eliminando así la necesidad de azúcar adicional.
Trabajar con productores de proximidad ha permitido a los gestores reducir un 40% las emisiones en cada plato servido, promoviendo la lucha contra el despilfarro de alimentos, la reducción del uso de plásticos y la elección de alimentos de kilómetro cero y de temporada.
El comedor escolar del colegio Turó Blau sirvió lentejas con boniato, pollo y fruta del tiempo como ejemplo de menús sostenibles y saludables, destacando la importancia de concienciar a los niños sobre la necesidad de un cambio alimentario.
Además, el comedor escolar no solo proporciona alimentos saludables a los estudiantes, sino que también ayuda a educar a las familias en hábitos alimentarios adecuados.
Es vital enseñar a los niños cuánto deben comer y permitirles elegir sus raciones, fomentando la conciencia sobre la cantidad y calidad de los alimentos consumidos.
Las raciones en el comedor están reguladas según una tabla de cantidades elaborada por la Agència de Salut Pública de Catalunya, brindando garantías sobre la alimentación de los estudiantes.