La angustiosa fuga de María Corina Machado: un motor que no iba, sin GPS en alta mar y miedo a un ataque de EEUU
La opositora salió de Venezuela gracias a una audaz operación de extracción dirigida por un veterano estadounidense.
Operación Dinamita Dorada. Con un guiño al inventor del explosivo, Alfred Nobel, así se bautizó la audaz operación para extraer a María Corina Machado de Venezuela. El objetivo era llevarla a Oslo, donde podría recoger el Nobel de la Paz. Sin embargo, el viaje estuvo plagado de peligros y la constante amenaza de ser confundidos con narcotraficantes.
El arquitecto detrás de este intrépido rescate fue Bryan Stern, veterano del Ejército estadounidense y fundador de Grey Bull, una compañía especializada en evacuaciones en zonas de conflicto. Su equipo, compuesto por expertos en inteligencia y operaciones especiales, recibió la misión de extraer a un importante «paquete» desde Venezuela el viernes 5 de diciembre.
Stern ya había contemplado la posibilidad de una intervención militar estadounidense en el Caribe y había tomado precauciones por si se necesitaban sus servicios. Sin embargo, su verdadera misión era sacar de la clandestinidad a la principal opositora a Nicolás Maduro. Como declaró al The Wall Street Journal, esta operación fue financiada por donantes anónimos sin un centavo del Gobierno estadounidense.
La odisea de María Corina Machado duró casi tres días. Partió disfrazada de Caracas, con una peluca que ocultaba su identidad, y viajó por tierra hasta un pequeño pueblo pesquero. Desde allí, abordó un barco de pesca con destino a Curazao, un trayecto de aproximadamente 12 horas. Un avión privado, proveniente de Miami, la esperaba para llevarla finalmente a Oslo.
Stern y su equipo mantenían un contacto constante con altos funcionarios militares estadounidenses, coordinando ubicaciones en vivo y enfrentando desafíos a medida que surgían. La operación, aunque llena de riesgos, no contó con ayuda de dentro del régimen chavista.
El primer gran obstáculo apareció en la playa, donde la embarcación que debía llevar a Machado presentaba problemas mecánicos, retrasando el plan de partida. Las adversas condiciones del mar dificultaron aún más la travesía. La mayor incertidumbre vino cuando la lancha de María Corina perdió el GPS y quedó fuera de contacto, aumentando el temor de ser interceptada.
Risas y una foto
Stern, temiendo que las embarcaciones fueran confundidas con narcolanchas, había coordinado con las fuerzas estadounidenses para evitar un malentendido. «Primero, vigiladnos. Segundo, no nos matéis. Y tercero, si estáis haciendo algo, avisadnos y nos apartaremos», explicó.
Finalmente, tras una angustiosa búsqueda, Stern localizó la lancha de Machado. Envió una foto de ambos, riendo y empapados, a sus contactos en Estados Unidos, confirmando que el «paquete» estaba seguro y en camino a Curazao.
«Fue peligroso. Fue aterrador, pero necesario», reflexionó Stern. Las condiciones eran difíciles, las olas altas dificultaban la navegación, haciendo que la misión fuera una verdadera prueba de valentía y determinación.
Stern evitó hablar sobre los detalles del viaje por tierra en Venezuela para proteger a quienes están involucrados aún en misiones similares. La operación, si bien exitosa, ilustra los complejos desafíos de la disidencia en países bajo regímenes autoritarios.