Medio Ambiente

El impacto refrescante de los árboles en la ciudad durante el verano

Published

on

¿Por qué los árboles son tan importantes en las ciudades?

En verano, lo mejor del sol es la sombra. La diferencia de temperatura entre una calle arbolada y otra desierta puede ser de entre 2 y 8 grados, reduciendo así la necesidad de uso de aire acondicionado hasta en un 30%. Los árboles también ayudan a mitigar el ruido, recogen la lluvia, y contribuyen a la salud ambiental al capturar CO2 y expulsar oxígeno.

¿Qué árboles son ideales para plantar en las ciudades?

Se recomienda seleccionar árboles frondosos como el almez o el tilo para zonas de paso, manteniendo la biodiversidad y evitando el exceso de una misma especie. Es importante realizar podas de forma adecuada y no excesiva para preservar la salud de los árboles a largo plazo.

¿Por qué no se plantan más árboles en las ciudades?

El principal obstáculo suele ser el costo, ya que plantar y mantener árboles requiere una inversión en tratamientos sanitarios, podas y limpieza. A pesar de esto, los beneficios ambientales y de salud que aportan los árboles son invaluables, y su presencia en las ciudades debería ser obligatoria en el contexto de la crisis climática actual.

¿Cómo pueden los árboles contribuir al ahorro energético en la arquitectura?

La presencia de vegetación natural alrededor de los edificios puede reducir la demanda de refrigeración, contribuyendo al ahorro energético. Los árboles de hoja caduca son ideales para mantener la casa fresca en verano y permitir la entrada de luz solar en invierno. Además, atenúan el viento y aportan beneficios adicionales al entorno urbano.







Importancia de los árboles en las ciudades para mitigar el calor

Advertisement

Importancia de los árboles en las ciudades para mitigar el calor

En verano, lo mejor del sol es la sombra. Pero esta afirmación, para muchos una evidencia como la copa de un pino, no lo parece tanto si echamos un vistazo a muchas de las plazas de nuestras ciudades, o a esas avenidas desiertas de vegetación que se cuecen a las tres de la tarde de un domingo de agosto. Bancos en el cemento sin cobijo, parques con toboganes de metal ardiente pensados para abrasar los muslos infantiles… A veces, estos elementos están cubiertos por marquesinas, la mayoría fabricadas con algún material plástico que, si bien ayuda a proteger los cráneos, aportan una sensación sofocante, como de invernadero, a los que buscan su refugio. Pero… si tenemos los árboles, ¿por qué no se usan o se usan tan poco y a veces tan mal?

Raúl de la Calle, secretario general del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, explica que la diferencia de temperatura ambiental entre una calle arbolada y otra desierta puede llegar a ser de entre **2 y 8 grados**, siempre hablando de medias y teniendo en cuenta las diferentes situaciones, pero llegando a extremos se pueden superar incluso esos 8 grados. «Hay que tener en cuenta el tamaño de la zona arbolada y del propio árbol, de la especie, del mantenimiento que hagas de ellos, de las podas… Pero es un hecho que la temperatura ambiente puede llegar a reducirse hasta en más de 8 grados si pones árboles plantados de forma estratégica con el objetivo de reducir la radiación. Si estás en Madrid frente al Retiro, en medio de la calle tienes una temperatura de 40 o 45 grados, pero en el Retiro, los árboles y la arena del piso te dan una sensación de 32, 34». Por si esto fuera poco, la reducción del uso de aire acondicionado alcanza hasta un **30%**. Por ello, los colegios de ingenieros forestales están pidiendo a los gobernantes que establezcan «planes y protocolos adecuados para la elección y mantenimiento del arbolado urbano, y que estos procedimientos sean gestionados por verdaderos profesionales».

Si nos fijamos en el asfalto, las diferencias son mucho mayores; un pavimento en sombra que se mantiene en **30 grados** alcanzará los **60 grados**, el doble, al sol, ni más ni menos que **30 grados de diferencia**. El asfalto tiene una capacidad de absorber el calor muy importante. Existe una relación entre la temperatura y el calor específico de un material, que es la cantidad de calor que se le debe suministrar a este para que eleve su temperatura en 1 grado. Pues bien, para subir un grado al agua hay que aportarle **4.000 calorías**, mientras que el hormigón solo necesita **800** y el asfalto, únicamente **500**. «El agua de una piscina al sol – explica De la Calle–, por mucho calor que haga fuera, si te metes la notas fresquita, mientras que las baldosas están quemando, y eso es por el calor específico, que hace que para que suba un grado ese agua necesitas meterle mucho calor. Pues un árbol es agua en un **60%**, un árbol de 6 metros de alto y 40 centímetros de diámetro tiene más de **450 litros** de agua en su estructura y es muy importante saber esto para entender por qué sirve para rebajar la temperatura».

Ciudades que se queman

Advierte de la relevancia de este asunto especialmente en el escenario de cambio climático que sufrimos. Estos días, una ciudad como la canadiense Lytton, cerca de Vancouver, cuyas máximas de junio suelen rondar los **25 grados** y con viviendas preparadas para guardar calor, ha alcanzado los **49,6 grados** y 9 de cada 10 casas han resultado destruidas por los incendios, dejando desamparados a sus habitantes. Las olas de calor asfixiante se repiten cada vez más en zonas que no estaban acostumbradas a ello.

Advertisement

Arquitectura con árboles

Volviendo a la pregunta del principio… Si tienen tantos beneficios, ¿por qué no se plantan más en nuestras calles? «Porque cuesta dinero», contesta Margarita Urbano, responsable de Biu Arquitectura, estudio que hace viviendas sostenibles con materiales naturales y que utiliza la vegetación en el diseño de sus edificios. «Hace falta una inversión en plantación, en tratamientos sanitarios, en podas, en la limpieza y recogida de hojas… Pero son incontables los beneficios que representan, y no solo para refrigerar, sino sobre la salud, por el efecto de renovación, de la depuración del aire, con la fotosíntesis que captura CO2 y expulsa oxígeno… atenúan el ruido en una calle muy transitada –mitigan el sonido de los coches hasta en **10 decibelios**–, recogen la lluvia y pueden evitar inundaciones y riadas, ayudan al confort visual y a nuestra salud… Los gastos de un árbol no tienen tanta importancia si vemos sus beneficios».

Señala que la vegetación natural en torno a los edificios es un recurso natural sin impacto que puede constituir una importante medida de ahorro energético, «con lo que desde el punto de vista económico es bueno tener vegetación junto al edificio, ya se encuentre aislado o en la ciudad, pues supone una reducción de la demanda de refrigeración».

Biu Arquitectura apuesta por los árboles de hoja caduca porque en verano mantienen la casa fresca al impedir que lleguen los rayos de sol y en invierno quedan desprovistos de hojas, con lo que el sol calienta la calle y las fachadas, incidiendo en las ventanas y logrando el efecto invernadero. Otro de sus potenciales es atenuar el viento en zonas perimétricas de la ciudad, «aunque en ese caso estaríamos hablando de árboles de hoja perenne».

Considera Urbano que debería ser «obligado» plantar árboles en nuestras ciudades. «Aunque hay limitaciones porque a veces las aceras no tienen las dimensiones suficientes para que el árbol respire, porque también respira por las raíces, y a veces las zonas de plantación son muy pequeñas, no debería hacerse en esos cuadrados de un metro por un metro si queremos que sea sano y frondoso». En el escenario de crisis climática, cobra sentido la frase del naturalista Joaquín Araujo: «Si poco, o nada, del pasado tiene sentido sin las arboledas, menos futuro aún tendrá el futuro sin ellas».


Advertisement


En verano, lo mejor del sol es la sombra. Pero esta afirmación, para muchos una evidencia como la copa de un pino, no lo parece tanto si echamos un vistazo a muchas de las plazas de nuestras ciudades, o a esas avenidas desiertas de vegetación que se cuecen a las tres de la tarde de un domingo de agosto. Bancos en el cemento sin cobijo, parques con toboganes de metal ardiente pensados para abrasar los muslos infantiles… A veces, estos elementos están cubiertos por marquesinas, la mayoría fabricadas con algún material plástico que, si bien ayuda a proteger los cráneos, aportan una sensación sofocante, como de invernadero, a los que buscan su refugio. Pero… si tenemos los árboles, ¿por qué no se usan o se usan tan poco y a veces tan mal?

Raúl de la Calle, secretario general del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales, explica que la diferencia de temperatura ambiental entre una calle arbolada y otra desierta puede llegar a ser de entre 2 y 8 grados, siempre hablando de medias y teniendo en cuenta las diferentes situaciones. La reducción del uso de aire acondicionado alcanza hasta un 30%. Por ello, los colegios de ingenieros forestales están pidiendo a los gobernantes que establezcan «planes y protocolos adecuados para la elección y mantenimiento del arbolado urbano, y que estos procedimientos sean gestionados por verdaderos profesionales».

La diferencia de temperatura se nota también mucho en las zonas donde se abusa de un material como el hormigón, donde incluso el mobiliario urbano es de ese material, o de metal o plástico, en vez de usar madera, siempre certificada como ecológica, procedente de una gestión forestal sostenible. En el caso de los coches, que son metálicos, variará dependiendo del color del vehículo –más claro se calienta menos–, del tiempo que haya estado expuesto, y de a qué hora del día sea. Un pavimento en sombra que se mantiene en 30 grados alcanzará los 60 grados al sol, ni más ni menos que 30 grados de diferencia. El asfalto tiene una capacidad de absorber el calor muy importante.

Advierte de la relevancia de este asunto especialmente en el escenario de cambio climático que sufrimos. Estos días, una ciudad como la canadiense Lytton, cerca de Vancouver, cuyas máximas de junio suelen rondar los 25 grados y con viviendas preparadas para guardar calor, ha alcanzado los 49,6 grados y 9 de cada 10 casas han resultado destruidas por los incendios, dejando desamparados a sus habitantes. Las olas de calor asfixiante se repiten cada vez más en zonas que no estaban acostumbradas a ello. Si poco, o nada, del pasado tiene sentido sin las arboledas, menos futuro aún tendrá el futuro sin ellas.

Advertisement

Los gastos de un árbol no tienen tanta importancia si vemos sus beneficios. Señala que la vegetación natural en torno a los edificios es un recurso natural sin impacto que puede constituir una importante medida de ahorro energético, «con lo que desde el punto de vista económico es bueno tener vegetación junto al edificio, ya se encuentre aislado o en la ciudad, pues supone una reducción de la demanda de refrigeración».

Considera que debería ser «obligado» plantar árboles en nuestras ciudades. En el escenario de crisis climática, cobra sentido la frase del naturalista Joaquín Araujo: «Si poco, o nada, del pasado tiene sentido sin las arboledas, menos futuro aún tendrá el futuro sin ellas».

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Reciente

Salir de la versión móvil